Una obligación no es un título de propiedad, sino un título de deuda. La obligación representa una parte de la deuda de una empresa que esta se compromete a reembolsar.
Cuando una empresa emite un préstamo obligacionista, decide recurrir a los mercados financieros para obtener financiación, en lugar de hacerlo a través de un banco, ya que la relación en términos de tasa y duración suele ser más interesante. Cada obligación da derecho a un cupón que se paga periódicamente o al vencimiento, en función del valor nominal de la obligación y de la tasa de interés asociada. Para las obligaciones a tasa fija, el cupón depende del valor nominal en el momento de la emisión, y su remuneración no evoluciona con el tiempo.
Las obligaciones son títulos financieros con una duración limitada. Cada obligación está asociada a una duración de vida. Cuando esta duración llega a su fin, se dice que la obligación ha llegado a "maturidad" y la empresa debe reembolsar íntegramente su valor nominal.
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